¿Sabías que el 80% de las transacciones inmobiliarias que se realizan actualmente en nuestro país son sobre viviendas de segunda mano?

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), obtenidos en mayo, determinan que el 17,1% de las viviendas que se adquieren mensualmente son nuevas, mientras que el 82,9% restante son usadas.

La crisis económica derivada del conflicto armado ruso-ucraniano y de la pandemia del coronavirus ha reducido notablemente el poder adquisitivo de la sociedad. La inflación se ha disparado, los sueldos se han congelado, las pensiones cada vez son más insuficientes y los jóvenes cobran salarios más precarios que les impide salir de casa de sus padres. Con esta situación, las viviendas de segunda mano se colocan a la cabeza de la carrera inmobiliaria.

La compra-venta de viviendas de segunda mano crece en casi un 30% interanualmente.

El precio de las viviendas de segunda mano se ha incrementado últimamente debido a la alta demanda, pero aún así, sigue siendo más bajo que el de una de nueva construcción. 

Un auge imparable

Llegados a este punto nos preguntamos, ¿qué deriva en este elevado número de ventas de segunda mano?

  1. El cliente ha cambiado: Las viviendas de segunda mano no sólo se han convertido en una oportunidad clara para particulares, sino también para personas jurídicas como entidades financieras o fondos de inversión. Los bancos invierten anualmente una cantidad fija en la compra de este tipo de inmuebles que posteriormente revenderán, alquilarán o transformarán en edificios de nueva construcción.
  2. Precios muy atractivos: El metro cuadrado de la vivienda de nueva construcción está disparado, por lo que para los compradores, especialmente para los más jóvenes que poseen unas rentas más bajas, el precio de las viviendas de segunda mano resulta más interesante. Una reforma, por muy profunda que sea, siempre será más económica y extendida en el tiempo que levantar desde cero un hogar.
  3. Localizaciones más variadas: Existe una tendencia generalizada en la que los compradores buscan vivir próximos a su núcleo urbano, a su zona de confort: familiares, amigos o trabajo. De ahí que las edificaciones que se encuentren en estos enclaves sean viviendas de segunda mano. No se puede generalizar la situación, pero muchas de las nuevas promociones se están levantando en zonas urbanas más alejadas del centro, aunque ello no siempre suponga una peor conexión mediante transporte público.
  4. El tamaño importa: La variación demográfica que experimenta la sociedad en los últimos años demuestra que la tasa de natalidad ha caído en picado. Los núcleos familiares son más pequeños. En consecuencia, se puede necesitar menos espacio para vivir.
  5. Oferta más amplia: En el mercado inmobiliario existe actualmente una mayor disponibilidad de viviendas de segunda mano que de nueva construcción. A esto se le suma que el ritmo de construcción de las nuevas edificaciones se ha frenado de forma brusca debido a la crisis económica y a la carestía de los materiales.
  6. Revalorización: Si adquirimos una vivienda de segunda mano en un buen enclave geográfico, y le aplicamos una reforma importante, el valor del inmueble aumentará notablemente. Estaríamos vendiendo o alquilando una vivienda aparentemente nueva y reformada, en un sitio donde no existe oferta de mercado.

La compra-venta de viviendas de segunda mano se ha convertido en el elemento diferenciador y en la tónica habitual de las nuevas generaciones, que con condiciones laborales más precarias y menos recursos económicos, se ven asfixiados para poder acceder a las viviendas de nueva construcción.

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